Comer gato

Tapas 46 / Septiembre 2019

El 19 de septiembre de 1870, París se quedó aislada, y aún era verano. Cuando los parisinos pudieron salir de la ciudad, sitiada por las tropas prusianas, era invierno, y el invierno en París es duro. El 28 de enero de 1871, la ciudad se rindió.

El periodista inglés Henry Labouchere, corresponsal del diario Daily News, cubría la agonía de la ciudad y logró que las ventas de su periódico se disparasen en Gran Bretaña ( que siempre goza viendo sufrir a los franceses).
Labouchere se las ingenió para enviar sus crónicas en globo. Lo contó muy bien Phillip Knightley (nada que ver con Keira) en su libro The first casualty (La primera víctima) sobre la historia de los corresponsales de guerra y sus penurias.

A Labouchére le encantaba recrearse en sus crónicas en cómo se alimentaba, tirando de humor inglés: «El sabor del gato está a medio camino entre el de la ardilla y la rata, aunque tiene un gusto muy particular. Tengo cierto sentimiento de culpa cuando como perro, el mejor amigo del hombre. El otro día cené un filete de ‘spaniel’. No estaba malo en absoluto, con un sabor parecido al cordero, pero me sentí como un caníbal».

París sigue asediada por los turistas, que se lo comen todo y engullen basura, aunque ya no zampan gatos ni perros (menos mal), pero un día se comerán entre sí, porque en el siglo XXI el asedio de las ciudades es global, no tiene murallas, sino bares de kebab congelado.


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