Pipas saladas

Tapas 15 / Julio – Agosto 2016

El verano es un colajet. Tu vestido de flores y tus uñas de los pies rojas apretadas en un zapato. El verano es la fruta bañándose en una sangría. El verano son mis labios cortados por la sal de las pipas. La bandera del verano es la bolsa negra de pipas de Tarancón de mil gramos. Me pregunto si realmente no fueron los loros los que nos enseñaron a hablar al ver mi habilidad para separar pipas y cáscaras de un solo movimiento, de un escupitajo.

El verano es una fila de hormigas, de esas negras gordas, arrastrando la montaña de piñas que entierra mis pies, esa noche en el cine de verano, oliendo a jazmín real, contando lágrimas de San Lorenzo.

El verano es un trago gordo de agua de mar, un café con hielo batido y una ensalada aliñada con mostaza. Mi verano es poner a secar una montaña de pipas de calabaza en el poyete de tu casa frente al mar. El verano es una raja de sandía cuya agua resbala por tu boca mientras escuchamos a Caetano Veloso cantarle a la vida que nos queda. El verano es una raja de melón, tan dulce como aquella vez que bese tus senos al ritmo del canto de los grillos.



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