10 cosas que aprendí de Terence Conran

Forbes 77 / Octubre 2020

Despedir a alguien al que admiras listando sus méritos puede parecer frívolo pero, al menos a mí, me ayuda a analizar porque a este abuelete inglés le tenía tanto cariño. He aprendido muchas cosas de Terence Conran, pero la principal es que editar es decidir esto sí y eso no. Y es muy difícil explicar por qué lo decides, por qué lo haces. Yo lo llamo “escuchar tus tripas”.


A continuación, algunas de las cosas que he aprendido de Terence Conran (1931-2020), al que nunca conocí, pero creí conocer:


1.-Si eres capaz de crear una necesidad nueva en el mercado te harás rico. Algunos de los grandes hombres de negocios convirtieron la disrupción en comercio. Conran pensó que las casas inglesas debían ser algo más que un sofá orejero y una televisión siempre prendida.


2.-Editar muebles te puede hacer aristócrata. Eso es muy inglés. Y mola. Los ingleses tienen esas cosas, si el punk les toca las pelotas le dan al botón de absorber y el sistema se lo engulle. Y lo mismo les sirve para hacer Caballero a Terence Conran por haberles ayudado a hacer más cálido su hogar con ese clima tan inhóspito, que convierten a Mary Beard en estrella de la televisión. ¡Atención spoiler!, no se pierda el lector los dos capítulos sobre erotismo y arte en Movistar dirigidos por la historiadora. Cuando Beard posa desnuda para una pintora hasta el Big Ben enmudece.


3.-El Oyster Bar de la Michelin House es uno de mis escondrijos favoritos de Londres. Terence Conran decidió restaurar la Michelin House, como dice su nombre, una antigua fábrica de neumáticos en 81 Fullham Road. Llegué a convencerles para que vendiesen Tapas allí. Mi rutina habitual era primero tomarme una barrita de pan y mantequilla con una copa de chardonnay, una docena de ostras, entrar por la puerta trasera de la tienda, la de la jardinería e irme perdiendo por la planta de abajo hasta… ¡Ay va, pero si venden Tapas! Y hacerme el sorprendido. La emoción del momento siempre me empujaba a comprar regalos para la siguiente Navidad. Mi última compra: un tren de madera y un silbato para atraer pájaros. Si quieres una pista de un buen Oyster Bar en Madrid prueba con Ostras Pedrín del ilustrador Antonio Ladrillo y sus socios.


4.-Se puede ser más listo que Ikea. Cuando los suecos llegaron Conran ya tenía pasta. Siempre tuvo actitud, un poco de mala leche, Ikea siempre fue blandito. A Conran no le interesaba que los muebles se pudiesen apilar y montar bien. A Sir Terence le importaba que las casas tuviesen personalidad. No me imagino la casa de Los Roper con muebles de Ikea y la maldita llave Allen.


5.-Una cosa es el buen gusto y otra que te salgan los números. La creencia popular, y la de los bancos más, dicen que ¡ojito con las exquisiteces!, que los planes de negocio no entienden de florituras. Terence Conran se arruinó. En los 90 perdió el control financiero de Habitat. Es probable que lo viese venir, desconozco la letra pequeña, porque ya había montado The Conran Shop. Los que le seguíamos –Fernando Amat de Vinçon fue su mejor discípulo, Octavio Muñoz de Doméstico también lo hace muy bien– fuimos a su nueva tienda de cabeza. Se notaba la mano de Conran. Habitat, que me perdonen, hace muchos años que se parece a La Oca. Os recomiendo el artículo de despedida de Amat en Forbes recordando a Conran: ‘Solo hay que copiar a los mejores’.


5.-Si te dedicas a la decoración, cuatro divorcios suponen cambiar al menos cuatro veces de muebles. La vida personal de Conran hizo correr ríos de tinta en la sanguinolenta prensa británica, despiadada con el triunfador. Cuentan que el divorcio en 1996 de su tercera esposa Caroline Herbert le costó 10 millones de euros. Me imagino que Conran no se llevaría los muebles. Si quieres saber dónde vivía, y donde falleció, la casa de Sir Terence estaba en el barrio de Barton Court.


6.- Una máquina de café puede dar sentido a un restaurante. Claro, no cualquier máquina. Cuando Conran abrió The Soup Kitchen, la protagonista del restaurante era una Gaggia. Alrededor de sus cafés y de sus sopas el Swinging London montó grupo y acortó las faldas hasta hacerlas Mini. El Mini ya circulaba por las calles y a Conran le gustaba fumarse unos buenos habanos traídos de la Cuba castrista.


8.-Habitat tuvo hijos. Nuevas empresas generadas para dar satisfacción a la misma generación de clientes. Si los clientes tenían hijos, Conran montaba Mothercare; que no sabían dónde guardar sus cosas, Home Store… Ah, no hay que olvidar que fundó el Museo del Diseño de Londres en Shad Times en 1989, os recomiendo visitarlo.


9.- Cuando ya le había pillado el truco le dio por montar restaurantes. En los años de gloria de Tony Blair, en la primavera del 1997, el primer ministro invitó a comer a Bill Clinton y a Hillary en Le Pont de Tour uno de los restaurantes “Made in Conran”. Por eso le hicieron “Sir”, por ayudar a redefinir el Imperio. Y por ponerle al fish and chips debajo un papel encerado para que no gotease.


10.-Arguiñano no fue el inventor de los negocios paralelos. El éxito de Terence Conran como referente le hizo publicar una extensa bibliografía de baños, cocinas, guías de viajes, postres y catálogos. Si tengo que recomendar uno solo: My Life in design (Octopus Books), que resume la fundación de Habitat y su vida (al menos la oficial).

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