La patria del dinero

Forbes 55 / Julio – Agosto 2018

El dinero tiene pasaporte. Y lo sabes. Es un pasaporte color verde dólar que sirve para muchas más cosas que viajar. El dinero sí que es ciudadano del mundo y no yo que me creo cosmopolita porque compro el speedy pass del easyJet –por cierto, ¿qué fue antes el naranja de la línea aérea o el del banco que no cobra comisiones?–. Me pregunto, además, si las naciones hacen negocios de manera diferente unas a otras. Me respondo rápido que hay un código común –respetar a los socios, pagar las deudas, cuidar de la palabra dada– y también modales y costumbres dispares.

Los italianos mezclan interés con drama, a los españoles nos cuesta vendernos fuera (aunque cada vez menos), árabes y judíos entienden el comercio y las relaciones mercantiles desde su punto de vista del mundo (religioso, atemporal y político). Los japoneses, por su parte, son expertos en fijarse en lo que funciona fuera de su isla y hacerlo aún mejor… ¿Sabías que Suntory ganó el año pasado el premio al mejor whisky del mundo? Un día descubrieron por qué los escoceses lideraban el mercado. ¿Sabías que las cámaras japonesas conquistaron el mercado mundial porque sus fabricantes habían observado previamente qué hacía de la alemana Leica la mejor cámara de 35 mm del planeta?

Un amigo, alto ejecutivo de LVMH, la multinacional del lujo que preside Arnault –cliente de la casa, gracias monsieur–, me contó ‘por lo bajini’ que, cada vez que iba a París, a la Rue de Téherán (curioso, ¿no?), los otros ejecutivos franceses le hacían de menos porque no era francés. Me llegó a decir que sabía perfectamente que su futuro tenía techo en la multinacional porque para llegar más arriba había que ser francés. Mi amigo llegó mucho más arriba, murió el año pasado, y ahora está verdaderamente arriba, oteando el mercado del lujo, las miserias humanas y a este periodista que hoy se acuerda de él con cariño. Se te saluda Don Carlos.


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