¿Son los ricos personas normales?

Forbes 52

Forbes 52 / Abril 2018

Claro que no. Puede que, como Dios los trajo al mundo, sean iguales que tú y que yo, pero con el traje puesto son seres especiales. Y son especiales no porque su dinero les permita comprar cosas y voluntades, sino porque nosotros los miramos de manera especial. Los consideramos únicos. Habrá muchos que los envidien y otros no –yo soy de los que no–, pero al verlos distintos, cuando se comportan como nosotros, entonces nos enamoran. Nos enamora que Amancio Ortega coma en una taberna gallega, porque pudiendo comer todos los días zumo de caviar, que majete es que se conforma con unos grelos. 

El Pais publica que el matrimonio Bezos lleva una “inusual vida normal”. “La fortuna no es una excusa para que el empresario deje de fregar los platos. Lo hace cada noche cuando llega a casa”. Espectacular. El rico más hombre del mundo friega los platos de su cena por voluntad propia. La noticia ocupa una página completa para el goce de antropólogos no inocentes. Imagino que guardará el pescado no en la nevera sino entre las página de opinión de su periódico, uno de los pilares de la democracia mundial, el Washington Post… para que lo va a meter en el frigorífico.

Nos gusta que haya pocas fotos de ellos. Si se sobreexponen, garrotazo al canto. Si se exhiben en el photocall entonces les escupimos un poco, que la fama del photocall es para los que no excita ‘el libretón’ o la ‘cuenta 123’.

Nos fascina la riqueza. Adoramos al dios dorado, que no tiene casi nada que ver con el emprendimiento, porque el emprendedor no quiere ser millonario, quiere sacar una idea adelante. Si lo consigue, generará dinero que, normalmente –¿otra vez la palabra normal?–, volverá a invertir en la siguiente empresa.

 Pero no son gente normal. Porque normal es lo que cumple la norma y ellos están fuera de la norma. Compran arte porque el dinero les ha hecho sensibles. Le tienen miedo al divorcio, como todos, pero ellos aún más. No saben si cuando se enamoran, lo hacen de ellos o de ellos y sus empresas. Si son chinos, africanos, rusos o árabes quieren que su riqueza aparezca en la Lista Forbes, pero si son latinos no quieren que se sepa cuánto tienen.

Adoramos al dinero. El que lo tiene nos parece más inteligente que aquel que no lo tiene. El que lo tiene y se comporta de manera normal nos parece un puñetero genio. ¿Por qué? Si a nosotros nos tocara, dejaríamos de ser normales. Seríamos ese del que habla el anuncio de la primitiva. ¿Y si todo fuese un problema de educación durante la infancia? No en el colegio, hablo de esa educación que se recibe en casa… Cuando uno está sentado a la mesa, cenando frente a un plato de lentejas y no te dejan ir al baño a la mitad del mismo y además, te tienes que acabar todo lo que te han puesto; también te enseñan a no comer con los ojos… Ahí, frente a las legumbres, todos somos normales. Eso sí, si invitas a Bezos a comer, es él quien friega los platos. Así que, Jeff, ¿cuándo vienes a casa?  

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