Marca personal

Forbes 7 / Octubre 2013

¿Qué me pongo? Reflexiono sobre mi estilo a la hora de vestir, como varón, como periodista y como hombre de negocios. Como tú, me visto por los pies. Y utilizo mi estilo personal, mi marca, para transmitir  mensajes. En el contexto de mi negocio, la comunicación, desde luego, mensajes de seguridad, de optimismo ante el miedo de muchos en la España del XXI.

Las reglas del buen vestir, tan cambiantes según culturas y tradiciones, son  uno  de los códices que más te ayudan a disfrutar de la vida. Desde mi pequeña experiencia me atrevo a sugerirte que no te disfraces de lo que no eres. Que no te vistas de Mario Conde si no tienes que comprar un laboratorio. Que tu camisa está enviando un mensaje pero el telegrama debe ser bien recibido. Asegúrate de que tu interlocutor acepta tu estilo.

A mí, por ejemplo, no me gusta el ‘casual friday’. Pero me visto según mi agenda.

Puedo ir a ver a un CEO en zapatillas, muy cómodo, si sé que a él no le va a importunar. No olvides que debes vestirte para no ofender a tu interlocutor. Y si a ti no te gusta cómo va vestido él, haz un esfuerzo de comunicación, sin prejuzgarle. Los negocios con estilo son, como un buen chocolate con el café, fuente de innumerables relaciones.

Mil detalles proporcionan picardía al hombre de negocios. El pañuelo de la chaqueta.

Desde luego el reloj. La papelería con la que redacta sus notas de agradecimiento. El orden de la mesa del despacho. La corbata, inventada por los croatas (‘cravata’), merece una carta propia. Pero te diré que desconfío de los negocios si mi interlocutor lleva el nudo de la corbata muy apretado, porque me transmite una sensación de rigidez que no va con estos tiempos. Pero me extraño aún más si no ha cuidado sus zapatos. Un hombre se viste por los pies, pero un empresario, un vendedor de sí mismo o de su compañía, tiene dos tarjetas, la profesional y sus zapatos. Viva el betún.

Y desde luego que puedes salirte del tiesto. Juega con el estampado de los pañuelos. Atrévete con calcetines de colores. Recupera la tradición de tu abuelo de ir al barbero.

O déjate crecer la barba hasta que muestre fuerza y poder. Cuida tus uñas, las manos masculinas son para muchos tu principal arma de seducción. Y tus olores. Yo cambio de perfume y uso dos, uno para mi vida personal y otro para la profesional (Terre d’ Hermes). Por último una disculpa, a todas las lectoras a las que no me dirijo porque creo que van muy por delante. Y una petición, no nos dejen pasar una. Hagamos negocios, claro, pero con clase. Que esto no es una clase.


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