Mi lugar de trabajo

Forbes 26 / Septiembre 2015

Mi lugar de trabajo es mi cubil, mi escondrijo. En estos tiempos en los que la tecnolo­gía nos hace dudar de si la vida real es la electrónica o la de las digestiones pesadas con Alka Seltzer, yo soy de los que hay días que pienso que el hogar es la redacción y otros, el lugar en el que duermo y tengo mi ropa limpia.
Mi lugar de trabajo, mi oficina, tiene dos puertas, así que, como reza el dicho, es mala de guardar. La pe­queña es una arteria siempre atascada de mensajería, invitados y curiosos que se empujan unos a otros por llegar a la redacción. La grande da acceso a una sala de exposiciones, en la que estoy aprendiendo que las palabras galerista y editor son sinónimas.

Los cacos ya lo han visitado en varias ocasiones. No sé si porque querían colaborar en alguna de las re­vistas o porque, lampando ordenadores, pensaban que «Forbes’ variaría su línea editorial. Hay veces, normal­mente en esos días en los que la palabra cierre nos tiene hipnotizados frente a la pantalla, que se cuelan hasta la cocina como si quisiesen vendernos un tema. Siempre los echamos, a escobazos y con cajas des­templadas, porque sabemos que el periodismo está lo suficientemente malito como para distraerse con carteristas, que rima con periodistas aunque no nos dedicamos a lo mismo.

Mi lugar de trabajo tenía goteras cuando me ena­moré de él y sudaba la tristeza de un edificio en aban­dono. En Google Maps lo encontrarás a tan sólo unos metros de la escarpia de la que cuelga el ‘Guernika’ de Pablo Picasso. Mil metros cuadrados en zona pro­tegida uno. En su juventud, como todos los locales de la calle Hospital, abastecía de suministros al único hospital que entonces tenía Madrid. También fue un salón de baile. Quizás, lo único que no se imaginó es que sería la redacción de ‘Forbes’.

Mi lugar de trabajo, y el de los compañeros que ha­cen esta revista, guarda en cuartos con llave zapatos de mujer que cuestan miles de euros, cremas que pro­meten magia para la piel, revistas antiguas y miles de ideas. Millones de ideas.

Mi lugar de trabajo es un sitio en el que lo mismo le pintamos los cuernos al retrato del dueño de Uber que le damos vueltas a la próxima locura que se nos ocurrirá mañana.


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