Visca Vinçon

Forbes 25 / Julio – Agosto 2015

E1 día que las delgadas letras de neón se apaguen pienso llevarme la mano al pecho y respirar hondo. He aprendido más de Fernando Amat que de muchos de mis profesores de la facultad. Y escribo esto con sentimiento, compartiendo con Amat y su familia la pasión por editar, es decir, por decir lo que sí y lo que no. Lo que entra en mis revistas y lo que no.

Fernando me enseñó a hacerlo, sin él saberlo, como cuando cada lunes recibía personalmente a sus proveedores para elegir lo que vendería en la magnífica tienda del Paseo de Gracia.

Cierra Vinçon, señores. ¡Qué catástrofe! Ya lo hizo en Madrid, cuyo maravilloso local en la calle Castelló ocupa hoy la Fundación Botín. Y hace días que anunció su cierre la tienda central situada en los bajos de La Pedrera.

Me cruzo con Fernando en los pasillos. No queda un solo producto a la venta. Los saldos se los llevó el viento. Tan sólo las magníficas bolsas de autor que tantos años alegraron el paseo de los compradores y excitaron la imaginación de Mariscal, de Juli Capella, de América Sánchez y de tantos otros.

Me cruzo con Fernando Amat y le doy las gracias por su tienda. Por enseñarme tantas cosas. Por su sala de exposiciones. Me confieso ante él apesadumbrado al imaginar lo que hará el textil con el local. Y me dice: «No estoy triste. Estoy contento porque no salían ya los números y así no se podía seguir». ¿Sigues viviendo arriba? «Sí, eso sí, eso no cambia».

Amates uno de los más grandes. Un romántico que entiende el ‘retail’ como yo entiendo una revista. Un pionero, ahora que las tiendas han descubierto que vender productos de otras marcas es hacer marca.

Así que desde estas líneas pido un doctorado honoris causa en ‘Retail’ al inventor de Vin9on, porque ha hecho por Barcelona lo mismo que hicieron Peret, Gato Pérez, Tapies o Casa Leopoldo, entre otros. Visca Vinçon. Visca Amat.


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