Quiero ser portera

El hijo de puta que inventó el portero automático nos debe una. Al menos a mí. Desaparecieron las porterías y con
ellas aquella tierra de nadie en la que la comunidad de vecinos hacía la guerra con mala ostia porque el chiscón era de todos. Las porterías pasaban de mano en mano como las entradas de José Tomás. Nunca salían al mercado. Así que míentras duraba la EGB, a poco que te descuidaras, tu calle se iba poblando de paisanos que acababan siendo todos família y te hacían la cama como te fueras de pellas.

Eran los tiempos de las calefacciones de carbón y de Manolo el último sereno de Madrid que tiraba de su chuzo y a final de mes tocaba tu puerta para que le dieses la voluntad.

Hoy la portera se gana la vida como community manager que en el currículum queda mucho mejor, y tú vives atada de pies al foro de tu família. La família es una red de emojis que saltan en la pantalla de tu móvil cada vez que pasa algo en casa. Como se te ocurra meterte al cine, hacer el amor con tu chico o depilarte en la ducha, cuando vuelves a ver el móvil has perdido el hilo y ya es mejor que le des rápido al dedo. Y si no ves ningún emoji raro, mejor que pases.

Te queremos mucho Chus. Ojalá estuvieras en mi grupo de Whatsapp. Fuiste la mejor portera de la pantalla. Te mereces la portada de esta revista que no es un obituario sino una declaración de amor. Yo en esta carta siempre digo la verdad. Eso es lo malo de las testigas, que no podemos mentir.

Carta publicada en L’Officiel por Andrés Rodríguez

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