Mi Dios es Apple

…Y Steve Jobs su profeta. Deduciréis por la portada que profeso la religión de la manzana (confieso que ya voy por mi segundo iPhone). Manejo incluso la dirección de un chino que, además de desbloquearlo, te lo lleva a casa. Así que me lo he pasado en grande preparando este número; he visto cosas más allá de Orión: la primera, que en Harvard han calculado la cantidad de publicidad gratuita que el iPhone ha conseguido gratis para Apple: 400 millones de dólares (tendrán que sumar nuestra portada). La segunda, que con Steve Jobs no se juega. Controla su imagen pública más que el vicario de Roma. Mi amigo, el gran fotógrafo Albert Watson, no tuvo más remedio que negarnos el mejor retrato que se conoce de Jobs ante la negativa de Apple al uso de la imagen. Así empezó a ponernos cachondos este número. Mucho. Es posible que la manzana aún represente el lado oscuro que tentó a Eva; y que el viejo refrán –“Una manzana al día aleja al doctor de casa” (sobre todo si tienes puntería, apuntilló el cascarrabias de Newton)– sea premonitorio.

A Jobs le obsesiona el control de la información. Durante los tres años que el iPhone fue un prototipo no hubo filtraciones. Y mucho menos la más importante, Apple exigirá a sus socios (Telefónica aquí y O2 en GB) un porcentaje de ingresos por cada llamada realizada desde un iPhone (Nokia aún está convaleciente del crochet recibido). El nivel de secretismo de la compañía de Cupertino roza la paranoia. El software y el hardware se trabajan en edificios separados y la tarjeta de seguridad de los empleados no les permite acceso a todas las áreas. Norma no escrita: “Preferimos que los empleados no digan a sus familias en qué trabajan”. Funcionan como células terroristas. No saben lo que hacen los demás. Pero los trabajadores del Santo Jobs son sus primeros acólitos. Los excesos de autoridad se ven compensados con su particular carisma, capaz de inocular a sus súbditos la idea de

participar en una misión divina. Alguna garganta profunda de Silicon Valley ha filtrado cómo Jobs ha llegado a hacer llorar a alguno de sus curritos. El mismo soplón, abducido, cierra su confesión con “pero es que Steve tenía razón”. Conseguir un Sí de Jobs es el dolor de huevos más famoso de la era digital.

Nicholas Ciarelli publicó durante diez años algunos scoops en su blog Think Secret (predijo el uso del titanio en los nuevos PowerBook, el iPod shuffle…); en enero de 2005, Apple lo acusó de espionaje industrial y tres años después han llegado a un acuerdo previo a tribunales que ha evitado más publicidad sobre el caso. Confidencial.

Steve sólo habla una vez al año con la prensa. Siempre con medios y periodistas amigos. Se sabe deseado y maneja su libido. Jobs es el gurú del Think different pero también tiene que encajar. Hace poco, un ingeniero rebelde denunció que el jefe aparcase su Mercedes en la plaza reservada para minusválidos con un cartel en el parabrisas que decía, “Park different”. Donde hay patrón…

El futuro es un secreto. Yo apuesto por que los MacBook Pro tendrán la pantalla táctil del iPhone y que sólo usaremos el teclado para los textos. Pronto iTunes matará el negocio del vídeo alquilando DVDs.

Por cierto, acabo de darme cuenta. En mi despacho siempre hay manzanas (Granny Smith). Será por lo del médico. Edit different.

Artículo publicado en Esquire por Andrés Rodríguez

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