Maletas de viejo

EL estío invita a hacer el hatillo. A empacar pocas cosas.

A buscar en los caminos lo que al invierno le ocultamos bajo la manta del sofá.

Cuando llega esta época prefiero el macuto a estrenar maleta. Elijo los cierres desvencijados de la bolsa que me acompañó otros veranos y dejo para el invierno el equipaje de estreno.

Una maleta usada, vestida de mil y un colores con adhesivos gastados, es como tu foto de Instagram, un decir que eres, un grito que dice así soy. Las viejas son siempre las primeras en salir en las ruedas de reconocimiento de los aeropuertos. Nadie las abre. Nadie las roba. Vuelven a casa cuando en agosto se enfría el rostro y lo hacen contigo, de nuevo, como un hombre nuevo, para que el otoño te recuerde que marchitarse es parte de la vida.

Carta publicada en L’Officiel Homme por Andrés Rodríguez

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