Malditos oficios

Me cago en tu estampa. Maldición. Ojalá que se te paren los pulsos si me dejas de querer.

Si, para tus adentros, eres de esos que lanzan un conjuro fácil, y el regreso al tajo no te parece ni por asomo el descenso de un río, te aconsejo los preceptos del libro que cierra esta carta.

Cada oficio tiene su maldición. Igual que cada refrán su opuesto, cada roto acaba por encontrar a un descosido y cada oveja debería tener, la busque o no, una pareja.

Desde que Luis María Anson lo convirtió en anatema, a Miss España le jode que le pregunten por Rusia y le dan palpitaciones. Al buzo de puerto le joden los peces. Al oftalmólogo las legañas y al dentista el sarro. A la dependienta de Lefties le subleva que no le cuadre la caja, al maquinista del Altaria que llegues en el último segundo. Al minero que está sin curro en El Bierzo que se le acabe la veta. Al guitarrista de Estopa que la cuerda salte justo cuando le canta a Camarón. Al tahúr que se le marche la racha. A Sabina que se le esfumen las musas. A Morante que le salte un espontáneo y le joda la lidia.

A los chiquillos de 4º que les cambien de clase y sólo puedan ver a sus amigos en el recreo. Al actor en promoción que le pregunten por su vida privada. Al que luce el maillot amarillo que se le salga la cadena. Al marino que el ancla le garree. A la vedette que se le reviente la silicona. Al cómico que lo encasillen. Al periodista que le pillen un acento sin poner. Al traductor que le encarguen textos cortos. A la heladera que se le vaya la luz. A la corista que se le tuerza el tobillo.

Al pescadero que le preguntes si es fresco. Al editor que el quiosquero le esconda las revistas.

Al farmacéutico que vayas sin receta. Al picaor que el toro no se le acerque. Al arquitecto las goteras, a la enfermera

que te quites la sonda. A tu maestro que no le preguntes. Al poeta que no le compres. A tu madre que no la escuche tu padre. A tu chica que no la entiendas. Al currela volver al tajo, que además de un río en el que buenos baños me di, es el Mordor de muchos y el nirvana de otros tantos.

Y a mí, a mí lo que me arrebata es que no leyeras esta carta que escribo sobre raíles mientras intento comprender el para qué de algunas cosas. De algunas de mis cosas.

Artículo publicado en Esquire por Andrés Rodríguez

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