Lo que pasa en Ibiza… se queda en Ibiza

Ibiza suspira y no es por amor. Suspira por veranos mejores. Todos los hosteleros, disculpen amigos míos, quejicas por vocación (cuando las cajas registradoras revientan callan para que Hacienda no se acerque), recuerdan veranos mejores. ¿Qué ha pasado?, pregunto cada vez que pido un tinto de verano. “Echamos a las familias para llamar al turismo de lujo y sacarle más pasta. Ahora las familias ya no pueden venir porque no hay quien resista estos precios y los ricos se han dado cuenta que en Croacia también hay mar y buena comida. Menos mal que nos quedan los holandeses que nunca nos fallan…” Me lo cuenta el encargado de Can Tixedo Art Gallery, un pequeño bar de carretera en el cruce de Forada (su mercado de verduras los sábados durante todo el año es uno de las visitas obligadas de la isla). Pero da igual quien te lo explique, he preguntado y todos coinciden. Algunos lo argumentan mejor contándome que los pisos patera en los que se quedan los camareros (Ferrán Adriá comenzó haciendo el verano en Ibiza, él lo cuenta a menudo) son tan caros que a muchos ya no les compensa hacer la temporada.

Que no se lleve el lector una falsa impresión. Ibiza es un imán de iniciativas, dinero y talento. Uno de los grandes focos de reunión de la bohemia internacional. Esta semana se presentó en San Carlos el proyecto de la primera biblioteca itinerante (el clásico bookcrossing, pero que no existía aquí) y allí me encontré al fotógrafo y motero Alberto García Alix y a su compañera, la suiza Frédérique Bargenter, impulsora de la editorial Cabeza de Chorlito (impresionante el libro sobre la material inédito del Café Lehmitz, el trabajo del sueco Anders Petersen). Alberto se ha traído su Harley. Por allí anduvo también la Ghostwritter (“negro” en la jerga literaria), Ana Olivia Fiol, ibicenca, con su primera novela (erótica) La Isla de Ámbar, editada por Versatil. La foto de la solapa interior es de Alix. Siempre se llevaron bien el erotismo y la imagen.

Esta semana también tuve la ocasión de visitar (solo) la casa de Sa Ferradura, construida para el propietario (ruso) del Brooklyn Center y su equipo de baloncesto, los Brooklyn Nets, por el arquitecto Jaime Romano. Certero el trabajo del barcelonés para rehabilitar esta península (con respeto a la cultura local y con proveedores de la zona). Hace unos días Pedro Utrera (director de comunicación de Moet Hennessy España) la alquiló para que cocinase allí Quique Dacosta. Una semana después Mijaíl Prójorov, su propietario, abrió la mansión para mostrar a algunos invitados su colección de arte local. Emilio Saliquet, uno de los expertos en branding más activos del país (también editor), está comunicando con Replica (@replicacomunicación) la espectacular rehabilitación de la propiedad. Pronto verán los lectores el perfil de Jaime Romano (@romanoarquitectos) en los medios.

En otra casa bien diferente. De esa que solo los hippies encuentran fuera del mercado inmobiliario para turistas. En medio del campo. Bajo un limonero viejo, frente a unas hierbas ibicencas del estanco de San Miquel, a la luz de las velas y hordas de mosquitos me encontré con Pascual Cantero (29), alías Muerdo. Si aún no lo ubicas te recomiendo una escucha atenta. Canciones como Semillas o Claridad tienen la magia de lo soñado y te contagian ganas de vivir. Muerdo debía haberse retratado antes de dejar la isla ante el objetivo de la fotógrafa Valentine Riccardi (recomiendo seguir su instagram) que desde Las Dalias retrata con su camara minutera al “who is who”. Atentos al trabajo sobre los jockeys y sus trotones que ha disparado para la revista de Ushuaïa de Abel Matutes. Valentine además de hacerle una buena foto-portada para lo nuevo de Muerdo podría haberle cantado Claridad con su ukelele, lo borda.

También se habla estos días en la isla del mural pintado por Necko (@necko_artist) en homenaje a Ángel Nieto (se cumple un año de su muerte), que le ha robado al Dalt Vila el privilegio de ser el lugar más fotografiado. Eso si, si quieres la típica postal déjate desayunar en el Cappuccino de Marina Botafoch, pero ojo cuidado con las gaviotas que son voraces. Lejos de sentimentalismos el graffitti es estupendo. En la página de instagram del autor puedes ver el “como se hizo”.

Y también está por la isla Vera Herrero, ex Armani, a punto de finalizar su primera película sobre Soria, y su desamparo. Muchísimas ganas de verla. Necesitamos volver a los pueblos, la tragedia de la despoblación permanece ignorada mientras nos asusta la crisis migratoria.

Propongo que las grandes operadores aceleren la llegada de la fibra optica a los lugares más despoblados, – con mayores subvenciones si hace falta- aunque no se rentable. Con la llegada del internet de alta velocidad los profesionales liberales dejarán las ciudades y se irán a trabajar al campo, es más barato, y en primavera, más creativo.

En Ibiza el internet va y viene. Y todo el mundo está atontado mirando a las pantallas. Como todos los años hay mujeres recauchutadas en las playas y en el Tinder, donde lo petan las rusas (algunas escriben en su perfil que esto de va de dinero, “ya tu me entiendes mi amol”).

Pero que nadie se engañe, Ibiza suspira por veranos mejores pero se mantiene radiante, cosmopolita, mediterránea, libre y en las noches de verano, en la carretera oscura que va de San Mateo hasta Santa Inés huele como debió oler el Paraíso (que no era una macrodiscoteca) sino la casa donde Eva sedujo a Adán.

Artículo publicado en El Español por Andrés Rodríguez

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