La injusta historia del tipo que diseñó el logo de AC/DC

Si sueñas con ir a Coachella. Si el Mad Cool se te ha hecho pequeño o si lo que quieres es compartir camiseta con tu chico para dormir, el logotipo de AC/DC te sonará familiar. La historia de su éxito roza la injusticia comercial, así que cuando veas a un motero con él en el pecho o si piensas que es sexy que lo lleve tu influencer favorita recuerda esta historia.

El logo apareció por primera vez en la edición americana de Let There Be Rock (27 julio, 1977), uno de mis discos en directo favoritos -no, no me olvido de Van Morrison y su It’s Too Late To Stop Now (febrero, 1974)-. Su autor es Gerard Huerta (Huerta Gerard Design, 54 Old Post Rd Southport, Connecticut +1 203-256-1625). Ahí tienes su teléfono.

“Todavía tengo el encargo y la factura”, cuenta Huerta en el libro The Youngs. Los hermanos que crearon AC/DC de Jesse Fink (342 pág.), editado aquí por Libros La Cúpula. “Me pagaron lo habitual por el diseño de la tipografía de un álbum en aquel entonces”. AC/DC utilizó otro distinto para el siguiente disco Powerage y después recuperaron el logo de Huerta. El negocio generado por el logo creado por Huerta es enorme, nunca su diseñador cobró royalties ni nada más que lo referente a aquella portada.

“No recibo regalías, aunque hubiera estado bien ganar algo por la promoción comercial para que mi hijo menor pueda ir a la universidad”, cuenta Huerta en el libro. En su página web junto al logo de la banda australiana figuran los logos de la revista PeopleTimeTravellerAdWeek, Nabisco , HBO, Foreigner, Ted Nugent y el de Boston, el soporífero grupo de AOR (Adult Oriented Rock). Huerta es el autor de la última tipografía de Pepsi, a la que ha bautizado Pepsi font. ¿Eres de Pepsi o de Coca-Cola? ¿Cambiarías de marca por una tipografía?

En otra de las biografías de la banda, la de Murray Engleheart, el logo se atribuye por error a Bob Defrin, pero este diseñó la portada no el logotipo. Huerta (69) tenía 24 años cuando combinó “tinta india para la delineación, película de recubrimiento a todo color y acuarela con aerógrafo”. No se olvide el lector que no había ordenadores entonces. Nada de Photoshop ni de Illustrator.

Huerta nunca denunció a la banda, ni reclamó más dinero por su trabajo. La obra original está guardada en su archivo personal. “El 25 de abril terminé el trabajo. Vivía en el 210 East 53rd Street en Nueva York. Tenía mi estudio en la segunda habitación del piso y hacía poco más de un año que trabajaba como autónomo, después de trabajar durante un año y cuatro meses para CBS Records diseñando portadas de discos”.

¿De dónde vino la idea? «Pensé que una tipografía inspirada en la de Gutenberg quedaría muy bien con esa fotografía de fuego y azufre. (…) Pensé que las letras Gutenberg también casarían muy bien con el estilo de la banda y el cielo oscuro y siniestro de la foto de portada. Combiné esa tipografía con las biseladas metálicas de las marcas de coches y me encantó el resultado». El trabajo se ha acabado convirtiendo en un clásico del diseño gráfico: el rock duro y las tipografías góticas se llevan muy bien.

AC/DC es, desde hace mucho tiempo, más que una banda de colegas una compañía financiera en toda regla. Como los Stones. Es inevitable. Si entras en el circuito de estadios y tu industria se ha reconvertido varias veces, o proteges tu negocio o te das el piro. A AC/DC le queda poco de rock & roll band, sobre todo desde que falleció Malcolm, el guitarrista rítmico del grupo, verdadera alma de la banda y no Angus Young (66), leyenda de la guitarra. Si al leer esto piensas que me he desencantado de la banda, te equivocas. Cuando regresen allí estaré, no una noche, sino toda la gira. Queda dicho.

Según cuenta Fink, una empresa holandesa, Leidseplein Presse BV, cuyo nombre aparece en esa letra diminuta que nunca se ve, figura en los productos de memorabilia de la banda que van desde los famosos cuernos que brillan en la oscuridad a una infinidad de camisetas.

La camiseta más cara de AC/DC que uno puede encontrar en eBay cuesta 7.444 dólares y se trata de una edición japonesa del año 1992. La siguiente cuesta 1.619 dólares y es del año 1992. Las camisetas de AC/DC son un filón, las chicas se sienten sexys con ellas y los chicos pueden lucirlas con orgullo. Queda claro que AC/DC gestiona su negocio de merchandising con mano férrea y que no todos son riffs y golpes de bombo.

La revista Billboard, boletín oficial de la industria, en manos del editor norteamericano Jay Penske -forrado por el negocio familiar de camiones- cuenta que “Leidseplein Presse BV está establecida en las Antillas holandesas”. El rock & roll siempre se llevó mal con el fisco. Fink escribe que “el grupo grabó Back in Black en las Bahamas” no por sus playas turquesas, sino porque la fiscalidad de las islas era y es benévola.

Mando al final de esta columna un mensaje al MOMA, o su sucursal en Brooklyn, el MOMA PS1 para que incluya entre sus tesoros el original del logotipo de AC/DC y así resarza la ignominia de su autor.

La adquisición ampliaría el catálogo en el que ya figura el I Love NY del fallecido Milton Glaser -recuerdo el día que me contó en su estudio en Manhattan que tampoco cobró nada por aquel logotipo diseñado en una servilleta- y las portadas del griego americano George Lois (89) para el Esquire de los sesenta. Así que una dosis de iconografía gótico-roquera me parece que estaría bien y a los turistas les gustaría.

Artículo publicado en El Español por Andrés Rodríguez

Artículos relacionados

© 2022 Andrés Rodríguez. Todos los derechos reservados. -