Mi buen patrón

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Forbes 90 / Diciembre 2021

Soy patrón de una empresa. No fabrico balanzas pero hago equilibrios para editar contenidos, y mis trabajadores no son mis hijos. Hijos tengo tres y ninguno trabaja conmigo por el momento. Un domingo de fútbol me sorprendí defendiéndome en la oscuridad de la sala, acompañado por mis chavales, ante el guión excelente, incisivo e inmisericorde que Fernando Léon de Aranoa (53) ha escrito y dirigido en El Buen Patrón.
No pude evitar sentirme reflejado en alguno de los comportamientos del señor Blanco, empresario estereotipado, hijo de puta de ficción, muy bien interpretado por un Javier Bardem en un dominio absoluto de la gestualidad y de su oficio.

Salimos mal parados los empresarios en esta película, que no deben dejar de ver, y me dirá el lector, o el productor –Jaume Roures (71) que ha tenido estos días un rifirrafe en los juzgados con un compañero de Mongolia– o el director: que no habla de los empresarios, que habla de un canalla que tiene una empresa. Pero no es cierto. La película nos deja a los empresarios como abusadores de nuestra posición. Y no es bueno eso. No todos nos liamos con las hijas de nuestros amigos, damos palizas a los que hemos despedido, mantenemos a una mujer boba, traicionamos a los amigos, nos metemos en la vida privada de nuestros trabajadores y qué sé yo mil aberraciones más. Pero algunos sí lo hacen. Porque hay hijos de puta con empresas y buena gente que genera empleo y no duerme para poder generarlo. La crucifixión del empresario es una de las grandes lacras de nuestro paupérrimo sistema laboral. Tardaremos varias generaciones más en quitarnos la idea de que un empresario es un tramposo de nacimiento.

La película también deforma a los trabajadores –trabajé por cuenta ajena más de 25 años– y nos enfrenta a la falta de eficacia, a las relaciones amorosas en el trabajo, al racismo económico, al abuso sentimental para evitar inoperancia y qué sé yo.

Es una excelente película, de esas que se te agarran a las tripas y te hacen escribir un editorial como este. Que a usted le puede parecer defensivo pero no lo es, es de agradecimiento a su autor por escribir un texto que nos hará mejores. Mejores empresarios, mejores trabajadores y mejores ciudadanos. Mejores personas y cinéfilos.

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