El ocaso de ‘El Sol’

Hace cien años, el 1 de diciembre de 1917 José Ortega y Gasset y el madrileño Nicolás María de Urgoiti fundaron el diario El Sol, sobre el que hay unanimidad: fue el mejor diario del siglo XX. El pasado miércoles lo recordaba Pedro J. Ramírez en la mesa presidencial de la cena en honor de otro centenario, el de la revista Forbes, fundada por B.C. Forbes y que tuve el honor de presidir desde mi puesto de editor y director de su edición española.

En la mesa compartimos Dom Perignon y el tinto de Toro Numanthia (LVMH), el romano Paolo Vasile (Consejero delegado de Mediaset), Josep Piqué, su mujer Gloria Lomana, la burgalesa María Dolores Dancausa (Consejera Delegada de Bankinter), Javier Hernani CEO de la Bolsa de Madrid, la abogada almeriense Cruz Sánchez de Lara y el director de EL ESPAÑOL Pedro J. Ramírez.

El primero que se acordó de la efeméride del diario de Ortega fue Pedro J. que, como buen bibliófilo, recordó que el centenario coincidía casualmente con el de Forbes. “Pedro, ¿qué es lo que le faltó a El Sol de Ortega para su consolidación?” le pregunté. “Le faltó público. No había en España lectores preparados para un diario tan bueno”. “Lo mismo le pasó a El Sol de Germán Sánchez Ruipérez, le contesté”, en el que tuve el honor de destetarme tras mi paso por El Independiente de Pablo Sebastián.

Pedro con su sonrisa más pícara replicó: “Lo que le pasó al diario de Anaya es que le salió un competidor feroz… Recuerda que fundamos El Mundo”.

El Sol de Urgoiti y Ortega estuvo en los quioscos 19 años, entre 1917 y 1936; El Sol de Anaya solo dos, entre 1990 y 1992. De El Sol de Ortega merece la pena leer el artículo publicado por Antonio Elorza en El País el pasado viernes titulado Cien años de El Sol. De el diario de Germán Sánchez Ruipérez (1926/2012) tengo algunos recuerdos aún vivos, además del libro de estilo que conservo como uno guarda la colección de cromos de Vida y Color y los libros de Enid Mary Blyton.

Para comprender porqué el salmantino Germán Sánchez Ruipérez, exitoso editor de libros de texto, quiso editar un diario, hay que remontarse a la rivalidad entre Santillana, la empresa semilla de Prisa, y Anaya. Y también entender que la televisión privada (1988) estaba naciendo. Germán Sánchez Ruipérez, sin hijos, vendió su paquete de acciones que había comprado en Tele 5 y con la plusvalía obtenida fundó El Sol. Muchos le tenían ganas a Jesús Polanco, pero nadie pensó que, entonces, a la izquierda de El País no habría mucho espacio (al menos editorial).

El día de su lanzamiento el diario convocó una fiesta y consiguió que el alcalde de Madrid, Agustín Rodríguez Sahagún, le diese permiso para cerrar la Plaza de Colón en una fiesta multitudinaria. La redacción en la calle Goya 9, hoy la flagship de Muji en la capital, era un edificio alquilado a Jesús Gil. A diferencia de El País, El Sol de Germán estaba en el mismo centro de la ciudad y su logotipo brillaba en todo lo alto del edificio, tanto como la sonrisa de su primer director el almeriense José Antonio Martínez Soler.

La tirada del primer día fue de 150.000 ejemplares. El diario, inspirado en la visión norteamericana del Usa Today de Martínez Soler, presumió a fondo del uso del color y de las nuevas técnicas de marketing. Fue el primer rotativo que el fin de semana empezó a regalar libros a sus lectores, y una bolsa con distintos suplementos que causaron un cierto impacto en las ventas pero tan solo al principio.

Cuando dos años después fuimos a firmar nuestro finiquito al cierre del diario, como cortesía nos dieron una colección completa de la Biblioteca de El Sol que aún andan dando vueltas por El Rastro domingo tras domingo, con unas horrendas portadas que intentaban imitar las del maestro Daniel Gil en Alianza pero que se parecían lo que un huevo a una castaña.

El Sol fue el primer diario totalmente informatizado. Recuerdo vivamente la planta segunda, donde estaba la sección de cultura, con todos sus Macintosh II CX aún sin sistema operativo. El diario arrancó con un capital de 1.000 millones de pesetas y una rotativa propia en el pueblo toledano de Illescas. Para los redactores la gran revolución fue que escribíamos sobre unas páginas ya maquetadas previamente, algo que ahora da risa pero que entonces supuso un dolor de cabeza de dimensiones desconocidas. Como si lo importante para un diario fuese un sistema operativo y no su punto de vista editorial.

Entre los compañeros que pasaron por allí (y me disculpen los que no nombro, no por olvido sino por no aburrir al lector) quiero recordar a Eduardo San Martín, a Guillermo Altares (entonces becario y hoy gran periodista de El País), Arsenio Escolar (uno de los grandes de oficio), Rosario García Gómez (en El País), Jesús Echevarría (al frente de la Dirección de Comunicación de Inditex), Rodrigo Sánchez (al frente de la dirección de arte de El Mundo) y tantos otros.

El diario fue un ejemplo de caos entre el editor y su equipo de periodistas. Al frente de la cabecera estuvieron además de Martínez Soler hasta cinco directores. A los redactores nos llegaban ecos de que su consejo editorial, en el que figuraba el filólogo Lázaro Carreter (asesor de Anaya) y Pedro de Vega, estaba en manos del guerrismo, que luchaba contra la influencia del felipismo y que tenía en Jesús Polanco y Juan Luís Cebrián buenos aliados. No hay que olvidar que Canal Plus nació en 1990 el mismo año que nació El Sol. El panorama mediático español era un hervidero. El Mundo había editado su primer ejemplar el 23 de octubre de 1989 y eso remató a El Independiente, que cerró en octubre de 1991.

A los dos años a Germán se le hincharon los bemoles y cerró el diario. No creo que fuese porque se cansase de perder dinero tanto como porque aquello se había convertido en algo ingobernable. Ruipérez, próximo al Opus, intentó negociar con Juan Pablo de Villanueva (1943-2008), también cercano a la orden, periodista y editor, con el fin de que el diario siguiese vivo pero no hubo acuerdo. Villanueva había fundado el diario Expansión y fue director de Marca y La Gaceta de los Negocios.

A pesar de la orden de cierre, caótica, como su existencia, los redactores continuamos editando el diario (imagino que hasta que quedó papel). Aun conservo una fotografía en la que aparezco en la redacción en una de esas mañanas en los que hacíamos un diario pero sin noticias, con una camiseta de promoción del disco de Siniestro Total Ante todo mucha calma (incluía la alegórica Bailaré sobre tu tumba).

El diario se repartió por los redactores en el Congreso de los Diputados y todo se desinfló cuando el comité de empresa llegó a un acuerdo final a medio camino entre las prisas del abogado que quería cerrar pronto y trincar la comisión, los trabajadores y la empresa que estaba hasta los mismísimos para regocijo de sus competidores que veían como el proyecto Anaya, de conseguir la influencia de Polanco se había fundido según algunas fuentes cerca de 5.000 millones de pesetas en un poco más de 24 meses.

De aquella aventura puede investigarse más con la lectura del libro de Pedro Pérez El reto tecnológico de un diario, el diseño de El Sol (1990-1992), editado por Zona Impresa (410 pág. 2004). Queda la hemeroteca, los recuerdos de lo aprendido allí, y el aprendizaje de que una leyenda, el diario de Urgoiti y Ortega es mejor dejarlo en el recuerdo. Cada vez que entro en Muji para comprar libretas yo creo que la energía del diario está aún en aquellas paredes. Son mis fantasmas, claro está.

Artículo publicado en El Español por Andrés Rodríguez

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