Diez consejos si navegas este verano por primera vez

Escribo a bordo en mi travesía balear anual durante la guardia por sorteo de luna menguante en la que veré el amanecer. Acompañado de una tripulación con intereses comunes, los delfines hace rato que nos dieron la suerte en una singladura emocionante a velamotor con avistamiento de tortuga incluida, camaradería de albariño y ensalada campera. Sigo sin saber porque el planeta se llama Tierra cuando el 96% lo ocupa la mar.

Llevate pocas cosas. Un petate es el mejor equipaje. Recuerda a Kirk Douglas (101) con su camiseta de rayas en la versión de Disney de 20.000 Leguas de Viaje Submarino. En un petate todo son ventajas, es blandito y no tropezaras ni tú ni nadie con su rigidez, solo te cabe lo que te cabe y así aprendes la diferencia entre facturar la Rimowa y embarcar. Ahora Patagonia o North Face venden algunos de colores directos que te harán parecer un marino experimentado. Para completar el look una camiseta de rayas de un gorro rojo a lo Bill Murray (68) en Life Aquatic son imprescindibles. No te olvides, por la noche en la mar hace mucho frio, incluso en verano. No hay nada como el frío para darte un buen abrazo.

Navionics es el gran hermano. Mi consejo es que además de los instrumentos de navegación abordo, seas tu el patrón o vayas de pasaje,te descargues la aplicación Navionics en el Ipad. Por unos 50 euros tendrás en tu mano una carta naútica completisima, verás a que velocidad navegas y podrás marcar rumbos y profundidades. Con Navionics te sentirás el capitán sin haberte ni siquiera matriculado en el titulín.

Un libro a bordo es tu mejor amigo. La elección es tuya pero te recomiendo el formato bolsillo y quizá . Por ejemplo: Trafalgar de Benito Pérez Galdós. Te hará reir y aprenderás historias de la historia.

Llevo cultivando una biblioteca náutica hace años que comencé tras cruzarme de proa encontrada con un artículo de Pérez Reverte -navegante y cartagenero como un servidor- que recomendaba los mejores libros para llevar en tu barco. Lo encontrarás fácil. Yo además de los que él enumera que compré poco a poco en la librería Robinson de Madrid de mi amigo Juan Melgar he ido incluyendo algunos para la chiquillerïa (y para mí) como la versión de juguete de Moby Dick en aquella colección de Clásicos Juveniles que tan felices nos hizo de niños.

Si te apetece uno de aventuras, ahì van dos recomendaciones más, una amable, Amor con posibilidad de naufragio (Torre DeRoche) la historia de amor de una pareja que es feliz a bordo de su velero editado por Ángel Fermoselle en Kailas (kailaseditorial) y A la deriva, la tragedia de Tami Oldham que estuvo casi 50 días sin control tras perder a su novio (si, la peli está en los cines ahora pero si eres miedica es mejor que no la veas antes de embarcar).

Sortea las guardias. Es más divertido. La guardía noctura (mejor con luna llena) es uno de los momentos más gratos del viaje. Ya sabes un papelito y en una gorra (si es posible en la gorra del capitan). Se admiten luego trapicheos entre los tripulantes pero si eres el responsable de a bordo vigila que un turno mal equivocado no meta el barco en peligros. Mi guardia favorita es la última porque puedes recibir a los demás con un desayuno de melón, pan tostado y aceite de Castillo de Canena.

Aprovecha que perderás la cobertura para tomar algunas notas. ¿Sobre qué? Es fácil. La soledad de la noche o ese momento tumbado en la proa son perfectos para apuntar algunas reflexiones sobre porque te peleaste con tu madre, que sorpresa darle a tu pareja la próxima luna llena o esa sinopsis de novela que ronda a tu cabeza. Si te has acordado de llevarte postales te aseguro que escribir en alta mar y echarlas luego mataselladas en el estanco de San Joan de Labritja da mucho gustirrinín.

Juega a la botella. No se trata aquel juego de girar la botella en el que besaste por primera vez a la chica que te gustaba en verano. Se trata de pinchar Message in a bottle de The Police (te recomiendo la versión acelerada de 1986 en la gira de Amnistía Internacional A Conspiracy of Hope). Se trata de escribir un mensaje y lanzarlo al océano. ¿En cualquier botella? La que tengas. Ni se te ocurra de plástico, claro. Si te puede sugerir algún vino prueba con As Sortes de Rafael Palacios, hermano de Álvaro.

No te vas a marear. No vayas pensando ya que te vas a marear porque el mareo es sobre todo responsabilidad del capitán que no navega “a son de mar”. Si aún no has elegido libro A son de mar (habitual de Denia y sus paisajes) de Manuel Vicent (82) puede ser una buena alternativa.

No te abraces a la Biodramina antes de que pasa nada, aunque es cierto que hay que tomarla de manera preventiva. Déjate llevar, mirar al horizonte y llevar el estómago vacío es lo mejor. Si apuestas por los remedios naturales masticar un poco de jengibre te mantendrá a salvo. Yo también me mareo, anoche la sopa de fideos se peleó con los pantocazos y casi se convierte en comida para peces, pero no la dejé salir.

Renuncia al famoso patito hinchable de color rosa. Se trata de camuflarte en la mar no de invadirla. Tampoco me parece de muy buen gusto ir televisando tu navegación en el “stories”. Navegar no tiene nada que ver con presumir, navegar es pasar inadvertido, es mecerse y disfrutar del silencio, es sentir el viento y la desnudez y eso no se televisa.

Navegar es mirar a la mar. Y también, porque la prudencia es la mejor amiga de un marino, a las aplicaciones que te dan información previa (Aemet, muy criticada. Wind Guru, Salvamento Marítimo o AntiGarreo están muy bien). Cuando aprendas a mirar el viento, entenderás el cambio de la mar en la superficie, y porque el barco se comporta así. Te recomiendo también tener a mano Manual de Emergencias a bordo. Cómo resolver cualquier problema en el mar. Tony Meisel Ediciones Omega, no es que vaya a pasar nada pero prevenir ayuda.

Un mojete murciano es garantía de alimentación saludable. Los excesos de producción en la huerta murciana, la mejor de Europa, inventaron el tomate en conserva, entero, cocido y pelado. Hasta un niño puede prepararlo. Compra la mejor conserva, no escatimes por unos céntimos. Ponlo al frío, muy frío, parte los tomates (quítale el zumo), cebolleta blanca dulce bien picada, alcaparras, huevo duro, aceitunas arbequinas, aceite de oliva extra y buena sal. Sal, la moneda de la mar, la palabra que dio pie a uno de tus problemas, el salario. Olvida el salario, échate a la mar y se feliz.

Artículo publicado en El Español por Andrés Rodríguez

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