Día de pellas en Formigal

Nada como unas buenas pellas. ¿Te acuerdas? ¿Te acuerdas del gustito que da hacer lo que no se debe? Esta semana me fui de pellas a las montañas de Huesca. A continuación algunos consejos por si te apetece –o necesitas- huir de la rutina laboral (o familiar). Eso sí, las pellas no pueden planearse, si se planean pierden sabor.

1.- Coge el AVE a Zaragoza o a Huesca. No te compliques. A mi también me gusta conducir, pero te ahorrarás las multas y no caerás en la tentación de revisar el WhatsApp mientras conduces. En el AVE comprenderás como es la Castilla que emocionó a Antonio Machado: “Yo, para todo viaje, siempre sobre la madera de mi vagón de tercera, voy ligero de equipaje. Si es de noche, porque no acostumbro a dormir yo, y de día, por mirar los arbolitos pasar, yo nunca duermo en el tren, y, sin embargo, voy bien” (El Tren).

2.- Formigal y sus montañas. El pantano de Lanuza (con su escenario silente que flota a la espera del próximo Festival Pirineos Sur), a la sombra del macizo granítico del Balaitus (3.144 metros). Qué emoción ver el pueblo de Lanuza recuperado al borde de las aguas. Por poco más de 150.000 euros se venden buenos pisos allí. El valle de Benasque es una referencia en el pirineismo, que yo me atrevo a definir como el amor por el Pirineo (con 63 picos que superan los 3.000 metros). Y ojito con el Aneto, la referencia popular en la montaña local (el pasado verano más de mil personas subieron a su pico). Formigal estará abierta hasta el 17 de abril, más tarde de esa fecha los españolitos pensamos en… bañadores.

3.- Disfruta de la gastronomía de montaña en La Glera (pronúnciese La Galera). Si subes por la noche a cenar tienes que juntarte al menos con otros siete. Si no hace mucho frío podrás cenar fuera. Imagínate tomarte un buen chuletón a la brasa, con la luna llena iluminando el circo nevado. Si no esquías puedes subir, pero te pierdes más de la mitad de la aventura que supone llegar hasta la pequeña cabaña arrastrado por un tractor de nieve ratrack durante siete minutos inolvidables en el que la montaña iguala a ricos y a pobres, a jóvenes y ancianos a idiotas y listillos. Cuando llegues a La Glera te recomiendo las tostadas de foie caliente y el potaje de la casa regado con un buen Viña Alberdi de la Rioja Alta (y si está caliente lo metes en la nieve para refrescarlo, mientras te desabrochas las botas… ¡Ay, qué momento!).

4.- Las patatas con cebolla del San Pietro (Barrio Bajo, 2) en Panticosa merecen por si mismas una escapada. Yo solo me comí una ración, pero me quedé con muchas ganas de repetir. San Pietro es un mesón tradicional, sin alharacas, de esos que siempre tienen el fútbol puesto, regentado por el mesonero Pedro, donde compartir amistad, como yo hice con Fernando, su hermano Iñigo y Carlos, frente a un solomillo de potro (muy bueno, pero poco sabroso). ¿Has comido alguna vez potro? Con poca tradición en la gastronomía española -cada vez se encuentran más fácilmente-, los llaman quinceños, animales con quince meses de vida. Siempre hay una primera vez. Si eres un tipo curioso dale rienda suelta.

5.- Imprescindible no perderse la Marchica. Si no has estado es que ya no estás a la última. Enhorabuena a Antonio Gerico, director de Aramón, y a todo su equipo por haber conseguido un lugar de referencia nacional. Marchica es el mejor bar de todo el Pirineo. Piensa un momento. La marcha en Aragón se llama Marchica. Conocido por toda la provincia y sus limítrofes a Marchica son asiduos muchos vips: Soraya Saénz de Santamaría y Antonio Asensio se dejaron ver la última nochevieja por allí. Marchica, con un merchadising más que simpático, presume de reunir a la gente más guapa del ski y también del après-ski.

6.- Hay que volver a Candanchú (con su mariquita, el logotipo más chulo de todas las estaciones de ski del mundo) en vuestro radar. La estación más antigua de la península fue inaugurada en 1928 (el mismo año que nació Ernesto “Che” Guevara). Con nueva propiedad y nueva gestión atentos a Candanchú, con su legendaria pista La Zapatilla, que ya está dando que hablar y lo hará aun más.

7.- Las historias locales te van a hacer reír como reí yo al escucharlas. La anécdota de la moto del Aneto es memorable. La contaban ayer en Ser Aventureros el programa de José Antonio Ponseti (50) que se emitió desde Benasque. Resulta que el motoclub Sabadell convocó hace años un subida al Aneto en moto y la chavalería local decidió ajustar cuentas: desmontó una Vespino, subió al pico y allí la montó otra vez. Se hicieron una foto con la motocicleta y le enviaron la foto al motoclub Sabadell diciendo: “No vengáis, que ya hemos subido nosotros”.

8.- Sus gentes. Carlos Barrabés (@carlosbarrabes), el empresario que ha unido la aventura de ascender a una montaña con el emprendeurismo por internet. O el abulense Carlos Soria, gran amigo del pirineo oscense que se va de nuevo al Himalaya, ya sin el BBVA, ahora con Correos. 76 años. ¿Se estará quitando años? Hacer pellas a los cincuenta si que quita años, y arrugas, doy fe.

Artículo publicado en El Español por Andrés Rodríguez

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