Crónica olímpica de lo que no se vio en los Premios de El Español

“Hay quienes se creen que la influencia consiste en el arte de poner una mosca en el mejor plato de sopa en el momento estratégico, oportuno, para tratar luego la retirada de la mosca o el blanqueamiento del plato”. ¡Boom! Como el que no quiere la cosa, Pedro J. Ramírez, el pasado miércoles durante la IV entrega de Premios de los Leones de EL ESPAÑOL, coló esta frase en su discurso, con aspaviento de manos incluido, para reafirmar que la prensa digital no va a aceptar que la diosa influencia se quede en manos únicamente de los diarios que gastan tinta.

La mirada “galega” del pontevedrés Xavier Fortes (qué bien lo haces Xavier) emitió un fogonazo de pillería. Todos dimos un respingo. Cuántas clases de periodismo podría haberme saltado si alguien me hubiese escrito en el encerado esa frase. Les aseguro que los discursos están hechos para que el cerebro desconecte, pero esta frase me hizo moverme del asiento y, cuando volví a colocarme, comprobé como los demás calzaban sus posaderas también. Posaderas de ministros en funciones, asistentes, directoras de revistas de moda, presidentes globales, “ejecutas” que quieren cambiar de curro porque el ‘bonus’ no les da, periodistas buscavidas, accionistas disfrazados de inversores, azafatas, deportistas, directores de comunicación, anunciantes, empresarios, millonarios, gente guapa y otros que están tiesos, lo que en biología se llama el hábitat del poder.

“En EL ESPAÑOL creemos que la verdadera influencia consiste en ayudar a los lectores a distinguir la calidad de los ingredientes para poder valorar que platos son saludables y cuales nocivos, con mosca o sin ella”, remató al natural el director que estaba tan feliz que esa noche había rejuvenecido dos dígitos.

Para mí no hubo más discurso, que los hubo, no solo el suyo también el de la mujer de Luzón cuya sonrisa taladraba nuestras ambiciones de éxito; el de Ignacio Garamendi cómplice con Sánchez Galán; de Galán que recordó a sus anteriores empresas con elegancia castellana vieja y el de Alejandro Blanco que hizo bien en dar las gracias al diario por escoger esa casa para los premios porque el deporte y sus deportistas necesitas siempre más visibilidad.

La cuarta entrega de los Premios a Los Leones de EL ESPAÑOL catapultó el primer diario digital nativo del que tengo el orgullo de formar parte de su equipo fundador y de su consejo de administración al ático del rascacielos de la influencia. Desde arriba se ven las nubes y también el vértigo del que toca las primeras posiciones con la yema de los dedos que por algo el diario es digital. 

Las entregas de premios tienen sus propias reglas, hilos invisibles para que tras la resaca del canapé quedé bien grabado en YouTube el discurso, la fotogalería provoque muchos ‘clics’ y el compadreo que ahora se llama networking abre negocios. 

El photocall es el abuelo de la fotogalería. El call (la llamada) viene del grito descarado de la manada de fotógrafos para que mires a su objetivo. En el photocall ibérico nadie llama, quizá en los ‘FotoPreysler’ y en pocos más. Lo llamamos «photocall»  pero yo lo llamaría “Fotowall” o “Logowall”.

El photocall de EL ESPAÑOL era larguísimo y enternecía ver a Pedro J dar zancadas de un lado a otro para recoger a los que querían fotografiarse. Hay un mundo de vanidades en la cola para hacerse la fotografía con frases que van desde el “qué pereza hacernos ahora una foto” hasta el “yo contigo Pedro” pasando por el “tú en medio que eres mujer”. Sea cual sea la frase, uno se ha vestido para que lo fotografíen, se busca al día siguiente (y a veces esa misma noche) y no se gusta seguro. El photocall de EL ESPAÑOL el pasado miércoles echaba fuego. Fuego amigo. 

Hubo también metralletas, que asustaban al llegar de tanto ministro en campaña. ¿Como he de ir, en Cabify o en FreeNow? Me pregunté como tantas veces. No faltaron canapés, que son la excusa de chocar manos, de quedar en llamarse, de soltar un cotilleo para que se sepa que se saben las cosas antes que nadie. Meter también alguna trola que otra.

Muy tierno el muro de imágenes de la sede del Comité Olímpico español (105 años) donde se narra la historia de nuestras hazañas. Precioso el vestido azul cielo de Eva Fernández, ex CEO de este diario, ahora “compromisaria” bajo la mirada de José María Álvarez-Pallete al que el próximo 3 de diciembre en Nueva York la Cámara de Comercio le entregará el Premio Business Leader of The Year.

Entre abrazo y abrazo, brindis y brindis, y mirada al WhatsApp confirmé que a los diarios, como a todo, les afecta el amor. Las entregas de premios son sensibles al amor, como lo son también al odio. Un diario cocinado con amor es mejor diario, un director querido es mejor director y eso se nota en EL ESPAÑOL.

La sonrisa de Cruz Sánchez de Lara hace vender periódicos, aunque este diario no se juegue su cuenta de resultados en el quiosco. Cambian los media pero no cambia el poder de una sonrisa y el brillo de unos ojos. La fotografía de Pedro J. y Cruz subiendo en las escaleras del auditorio en las redes sociales, aún vacío de invitados, a la espera del pistoletazo, cuenta muy bien las tripas de este proyecto. ¡Como mola que se puedan poner emitoconos con leoncitos! para darle un abrazo a un post de Instagram para gritarle a la red de redes otra frase del discurso: “Menos vetos y mas abrazos”.

Artículo publicado en El Español por Andrés Rodríguez

Artículos relacionados

© 2022 Andrés Rodríguez. Todos los derechos reservados. -