Cinco tiendas de museo que molan tanto como el museo

No sé si te has dado cuenta, pero a pesar de que nadie manda postales, se venden más postales que nunca. ¿Dónde? ¿Para qué? En las tiendas de los museos, los grandes centros de la cultura… de compras. Los directores de museos andan con la mosca detrás de la oreja no vaya a ser que le de al Consejo de Administración por sustituirles por el encargado de la tienda de recuerdos.

A continuación, un listado de cinco tiendas de museo en las que puedes echar la mañana sin que te remuerda la conciencia por no haberte alquilado la audio-guía. Eso sí, en el caso de que ya no os entre nada en casa, os recomiendo leer la historia de Drugos el acumulador (Ediciones La Cúpula, 5,95), el cómic de Mauro Entrialgo para todos aquellos que vemos el síndrome de Diógenes como un paso previo para la eternidad.

La librería de la Tate Modern Gallery. Aún no he conseguido que se venda allí la revista TAPAS pero estamos casi apunto. La tienda de la Tate Modern tiene uno de los mejores quioscos de revistas de la ciudad, y eso ya es decir (de acuerdo, Magculture es mejor pero es sólo una tienda, aún no tiene museo).

La oferta es inmensa, desde libros de artista a ediciones limitadas y firmadas entre otros caprichos. Si vas con niños no dejes de pasarte, incluso puedes dejarlos allí mientras visitas el museo; hay casi tanto material para ellos como para adultos. Y si te confundes pues te viene bien porque el niño que llevamos dentro también necesita comprar. Mi última compra allí fue un dvd con la película del fotógrafo William Klein dedicada a Muhammad Ali. (Muhammad Ali. The Greatest).

La tienda del Museo del Design en Londres. Firmado por el arquitecto John Pawson (68), en lo que era el antiguo instituto de la Commonwealth, el Museo (224-238 Kensington High St, Kensington) pertenece al Victoria & Albert, en una iniciativa apadrinada por el empresario Terence Conran (85). El Museo ofrece un viaje, breve eso sí, a través de la historia del diseño: desde los planos originales del mapa del metro de Londres hasta las impresoras en 3D con las que puedes allí mismo jugar a ser Dios.

La tienda es pequeña pero muy bien comisariada. Te recomiendo comprarte un Snaak (también puedes hacerlo online). Se trata de un puzzle en tres dimensiones, inventado por Gideon Cube-Sherman: 64 cuboides que encajan entre sí y que te permiten llevar tu imaginación más allá del límite. ¿El precio? Apenas 25 dólares.

Moma Design Store. No regreso de Manhattan sin darme una vuelta. Tras una buena Cesar Salad en la cafetería del Museo, la tienda de enfrente (44 west con la 53) es el paraíso para el comprador de iconos. Entre mis piezas favoritas está la Cast-Iron Casserole, (295 dólares), diseñada en 1960 por Timo Sarpaneva y fabricada aún por Iittalia, es uno de los grandes iconos del diseño finlandés. Tan solo tiene un problema: pesa un quintal, así que ten cuidado con el sobrepeso a tu regreso de Nueva York o te costará la compra y la multa más que un vuelo galáctico de los de Richard Branson.

La tienda de diseño del MOMA- ojo que hay dos, una sólo de objetos y otra que aunque tiene “chuches” vende sobre todo postales. Si no te apetece subir al Midtown, esquina con el Dean de Luca de Broadway tienes la sucursal del downtown, yo creo que tiene menos oferta pero también merece un visita si andas de compras cerca de la calle Spring, merodeando la antigua casa postal, hoy Apple Store.

La tienda del Museo BMW de Múnich. Espectacular. Si te parece exagerado parar en Múnich solo para visitarla puedes aprovechar cuando vayas al Oktoberfest, pero te aseguro que merece la pena. ¿Sabias que Bob Marley presumía de tener las mismas iniciales en la matrícula de uno de sus coches (BMW Bob Marley and the Wailers)?

Para disfrutar de esta visita, a la salida cómprate un Isetta miniatura (12,95 euros). El coche huevo que BMW licenció (entre el 1955 y el 1962) -sí, dejo que lo fabricaran otros-, para su comercialización en varios países de Europa, incluyendo España. Una curiosidad, el nombre de Isetta es el diminutivo italiano de Iso. Eso si, si lo quieres para darte un paseo con él por Formentera prepara entonces entre 20.000 y 55.000 dólares según haya sido la restauración. Te garantizo que los milaneses que desbordan la isla cada agosto no dejarán de “capovolgere il testa”.

Natural Museum Store. En Nueva York, claro. La tienda de Noche en el Museo, (parte uno, dos y tres), claro, basada en el libro infantil de Milan Trenc. El American History Natural Museum (AMNH) es una visita obligada. Lo más vendido son los dinosaurios en todo tipo de soportes: desde monos para bebés a reproducciones reales de un tamaño que te haría plantearte cambiar de vivienda.

Aunque seas un adicto a las compras no dejes de visitar el Planetario, nada más empezar la proyección te sientes el más pequeño de los insectos al disfrutar del firmamento y sus constelaciones y eso siempre es de agradecer.

Aún hay más. Y otras que aún no he podido visitar pero que tengo en mi lista de deberes. Recibo señales frecuentes de la tienda del Museo de la NASA que ya me está llamando. Tengo apuntada en mi lista de regalos una gorra que con el logo clásico de James Modarelli, reza: “I need my space”.

También me espera el Muttermuseum de Filadelfia, apodado el Museo de los Horrores y el Walker Art Center de Minneapolis.

Si eres de los que prefieren el sillón al arco de seguridad de los aeropuertos también puedes pegarte una vuelta por la página web kesslermuseum –por cierto son catalanes- que presume de vender online lo mejor de las tiendas de museos de todo el mundo, pero todo, todo, no está. Ya, ya sé. Te estas preguntando si cuando vaya entraré a ver primero el Museo o la tienda. No sabría que responder.

Artículo publicado en El Español por Andrés Rodríguez

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