Carta de amor al inventor de la caja de ritmos

Pum chack. Poing. Pum chack. Es uno de los mantras del siglo XX. El sonido falso y adictivo de las cajas de ritmos. Hace unos días -el 1 de abril- falleció el ingeniero japonés Ikutaro Kakehashi, el fundador de la empresa Roland. Te aseguro que tu vida no seria lo mismo sin él. Con retraso pero con profundo sentimiento quiero rendirle este homenaje y enviarle una carta de amor -también electrónica- al hombre que encerró los ritmos en una caja donde quiera que descanse.

El tipo comenzó como relojero, puedes verlo en el documental Music is my drug (Martin Meissonnier). Su gran obra es la primera caja de ritmos de la historia, la Roland TR 808 (4.300 dólares en eBay la pieza original. Eso sí que es un regalo sorpresa). Aunque no debemos olvidar que sentó las bases para el sistema MIDI (Musical Instruments Digital Interface), en cristiano, el lenguaje con el que distintos instrumentos pueden entenderse entre sí.

A continuación ocho canciones que nunca, repito, nunca habrías bailado si a Ikutaro Kakehashi le hubiese dado por dedicarse a la colombofilia en vez de a soldar componentes.

Sexual Healing. (Marvin Gaye) No sé si alguna vez has usado esta canción para susurrarle a tu pareja que es hora de apagar la televisión y acurrucarse, pero el comienzo de este clásico no sería lo mismo sin el ritmo secuenciado de la caja de ritmos.

Cuando Marvin Gaye murió en 1984 asesinado por su padre tras una fuerte bronca, Roland estaba centrado en comercializar las primeras baterías electrónicas. Yo practico con una, con la Roland VDrums TD-50 con auriculares Sennheiser HD1 Wireless y aún no me han echado del piso. Incluso puedo tocar de madrugada e imaginar que estoy en el Village Vanguard.

Tainted Love (Soft Cell). Imposible no reconocerla al escuchar sus primeras dos notas. Oído al parche que la canción (del productor Ed Cobb) no es de Soft Cell, que antes la había grabado ya Gloria Jones para la Motown de Berry Gordy.

Marc Almond trabajaba en el guardarropa del club The Warehouse en Leeds cuando el DJ del local puso el single una noche. David Ball fue el teclista que le dio al tercer single de Soft Cell el sonido que conocemos. Como curiosidad apunta que Rihanna utilizó el comienzo del tema (grabado con teclados Roland) en su hit SOS en 2016.

Enola Gay. (Orchestral Manouvres in the Dark 1980) Una historia que mezcla un amor con el siniestro viaje del avión que tiró la primera bomba atómica. Me enamoré de la canción en el verano del 85 la primera vez que fui a Paris, mientras mi prima estaba en la universidad la escuchaba una y otra ves en su giradiscos.

Si a ti esto de la electrónica te aprieta la horma del zapato te recomiendo la versión The Hillbilly Moon Explosion. Brillantina en el flequillo y a mover los zapatos de gamuza (azul desde luego). Si consigues que al escucharla tus pies no taconeen me ofrezco a ayudarte en tu próxima mudanza.

In the Air Tonight. El comienzo de esta canción me recuerda a cuando el monstruo de Alien le acerca el careto con babas a Sigourney Weber (67). Taca, cataca, cataca, catacatum. Más o menos eso suena en el redoble de batería más famoso de la historia. A las baquetas Phillip David Charles Collins (zurdo, 66 años), que en los últimos años lo ha perdido casi todo, una pasta con sus últimos divorcios y casi la audición. Collins inventó un nuevo sonido de batería imitado en todo el mundo, pero esta canción y su atmósfera en la que se cuenta el fracaso sentimental de su autor no existiría sin la base electrónica programada.

Cuando aún era barbilampiño me metí un día entero en un autobús con Paco Pérez Bryan para ver a Collins tocar ese solo de batería (con una Grestch blanca) y cantar con micro de oreja en Toulouse (15/3/1985). Al acabar el concierto todos para Madrid. Nada de hoteles. ¿Dolor de huesos? ¡Nunca!

Foie Gras Foie Gras (Un Pingüino En Mi Ascensor)Si aún no ha visto al creativo publicitario José Luis Moro cantar con su frac en Sálvame Deluxe su versión de Voyage, Voyage (Desireless 1987) la crónica de un vuelo de infarto en Ryan Air no estás a la última. A su lado, el icono de los 80 Mario Gil, ex LaMode, (¿a qué espera Lacoste para patrocinarle de una vez?) Vamos, Isabel Basi, que verás cómo merece la pena a Mario le quedan los polos que ni pintados.

Betty Davis Eyes. La californiana Kim Carnes (71 años Pasadena) es la Bonnie Tyler de la electrónica. Esta oda al color azul de los ojos (para mí tristes) de Bette Davis sirve lo mismo para la cena de empresa navideña que para la despedida de soltero de Risto Mejide.

Tendrás que reconocer que las palmas electrónicas programadas de la canción te han hecho soltar más de una vez las manos del volante y que si el helicóptero Pegasus de la benemérita te hubiera pillado no te quedarían puntos. Si consigues no bailarla me ofrezco a regalarte Budismo para principiantes de Thubten Chodron.

Dream baby dream (Suicide 1998). Más que pegadiza. Mucho más que gótica. Hipnotizadora. Una nana electrónica con más de un millón de escuchas en Spotify que explica perfectamente lo que las cajas de ritmos han hecho por ti y por mí. Mi versión favorita es la de Neneh Cherry pero merece la pena fisgar en la versión de Springsteen, más lírica, menos canalla, más para todos los oídos, pero también hipnótica.

Enjoy the silence. Depeche Mode y su tecno gótico bailable son hijos de la imaginación de Roland. El grupo no necesita presentación pero recuerda que muchos grupos definieron su sonido sin ser buenos músicos. Los primeros sintetizadores, como el Roland SH-1000, les brindaron esa oportunidad. La empresa de Osaka patentó también el primer piano electrónico con toque sensitivo. Sí, el origen del piano ese que sirve para que tus hijos sean lo que tu no pudiste ser, sin que la comunidad de vecinos te llame al orden por el ruido.

De Depeche Mode te recomiendo la versión en directo grabada en Berlín para una película del fotógrafo y cineasta Anton Corbjin de 2014. Ponla y si eres capaz de no bailar te pago unas bravas.

La televisión es nutritiva. (Aviador Dro). Del título no duda ni Paolo Vasile. La televisión es el alimento de muchos, toda una industria, y también el opio de otros. Sin los alemanes Kraftwerk ni los americanos DEVO Servando no habría montado el Aviador Dro, y sin canciones como esta, nunca hubiese fundado una compañía de discos y es difícil que sin Discos Radiactivos Organizados (DRO) supiésemos lo bien que se está Al Amor del Calor en un Bar

Artículo publicado en El Español por Andrés Rodríguez

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