Así fue la visita privada de Ciccolina a Madrid

No acostumbra el discreto Club Matador a acoger a porno stars. No porque las reglas del club lo impidan de manera explícita sino por lo selecto de sus miembros, pero el jueves pasado fue una excepción. Todos los retratos, sin excepción, escogidos durante el comisariado del pintor Eduardo Arroyo (81) guiñaron un ojo al ver entrar al comedor a Elena Anna Staller (Budapest, 1951), icono del siglo XX, más conocida como La Ciccolina, que ganó el título de Miss Hungría con solo 13 años, aunque, en 1964, dentro del bloque comunista no queda muy claro la formalidad del concurso. Zsa Zsa Gabor lo había ganado en 1936 y de eso sí aparecen registros.

Las revistas del siglo XXI crecen fuera de su edición de papel, así que Iona vino a Madrid para presentar en un almuerzo privado la portada de L’Officiel España (@Lofficieles) – Carmen Melgar a los mandos-, en la que ocupa su portada de Abril con una sesión disparada en Roma hace unas semanas ante las cámaras de Laura Marie Cieplik.

Entre los invitados Rossy de Palma (@rossydpalma) recién aterrizada de Dakar -su hermano vive allí- tras una sesión de moda, después de un tour de vacaciones por Costa de Marfil, y acompañada de su hija Luna Mary. También compartió almuerzo con nosotros Cósima Ramírez (@cosimaramirez) (28), vestida por su madre, que me contó su amistad con Gus Wenner (@guswenner), el pequeño de los dos chicos de Jan Wenner, compañero de colegio suyo en Estados Unidos, y uno de los artífices de la venta de Rolling Stone a Jay Penske, el nuevo media tycoon de Nueva York, competidor eso sí, de Alejandro Agag en la Fórmula E eléctrica.

Entre las dos docenas de invitados Patricia Cruz de Bulgari, Eric Yerno, alma mater de Replica, la presentadora y estilista Natalia Ferviú, la diseñadora María Escoté, la biógrafa de La Veneno Valeria Vargas, el fotógrafo Quique Santamaría, además del equipo de redacción de la revista, la más fresca del sector.

“Vivimos en Roma Norte”, me cuenta Ludwig Maximilian Koons (25), el primer hijo de Ciccolina y Jeff Koons (62), ojito derecho de la Mamma. Vestido con una camisa de Burberry y unos pantalones cargo se perdió por Madrid y fue el último en llegar al almuerzo para preocupación de la protagonista que andaba inquieta sin su chaval al lado. “Koons y yo no tenemos mucha relación, carino boss”, me dice Ciccolina. Jeff Koons y la porno star se conocieron en 1989, dos años después de que Ciccolina llegase al parlamento italiano como diputada por el Partido Radical. La política italiana acostumbrada a las patadas en las espinillas se sobrecogió con la llegada de la húngara/italiana y su manera de hacer campaña desnuda sobre un caballo.

Se casaron en 1991 y se divorciaron tres años después. De su relación nació Ludwig, el primero de los siete hijos del escultor. La batalla legal, a Ciccolina la defendió Luca Di Carlo (apodado el “Avvocato del Diavolo” entre ambos fue más que cruenta. “Me lleve a Ludwig a Italia” me cuenta Iona como si a mí no se me hubiese ocurrido cotillear antes todo lo que dice de ella la Wikipedia.

“¿Qué tal te llevas con tu padre?”, le pregunto a Newton que lleva colgando un monedero roto de Vuitton, “me llevo bien, le he visto hace poco… pero no es como mi madre, es muy estricto. No le gusta el desorden.” Newton, acompañado por su novia, la bella Melissa Baroni, era la primera vez que pisaba Madrid, pero eso sí, conocía la noche ibicenca a la perfección. No parece tener muchas preocupaciones, al menos financieras, porque su padre, representado por el armenio Larry Gaggosian (portada de T Magazine España hace pocos meses) batió el record en una subasta en Christie´s donde un comprador pagó 43 millones de euros por Balloon Dog (anaranjado).

Muy divertida estuvo toda la comida la dicharachera galerista de Rosario Topacio Fresh que no dejo pasar la ocasión de que Ciccolina le firmase la portada. Fresh, en la antesala de un talent show en la que será bailarina, bajo la producción de Gestmusic, me contó como organizó la primera expo de Pedro Almodóvar en su galería. “Me llamó Pedro y me dijo que estaba fotografiando algunos objetos de su casa y que tras las vacaciones me las quería enseñar. Yo le dije que paraba las vacaciones y que iba a verle. Se aburría, vio entrar una luz especial por una ventana iluminando un objeto y se inspiró. La culpa fue de la Semana Santa. Gracias a la expo de Almodóvar puedo programar otras cosas”.

Vestida de “sirena” Ciccolina firmó como una estrella todas las portadas, antes se había encargado de comprobar en los quioscos si L’Officiel estaba bien colocada, y dejo sus labios impresos en el menú con un generoso carmín rosado que pasará a engrosar la historia de la memorabilia del club, de mis recuerdos y de la colección de fetiches que una editorial genera.

Artículo publicado en El Español por Andrés Rodríguez

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